viernes, 5 de agosto de 2016

"Volver al futuro" (opinión), por Gabriel Zas

“Volver al futuro”: la recesión de la industria nacional



El excéntrico profesor Brown le dijo al joven McFly: “Vayamos a Argentina a 1991 para que Cavallo lleve a cabo el Plan de Convertibilidad Nacional bajo el mandato de Carlos Menem. Después, en el 2016, hagamos lo mismo pero cambiemos a los protagonistas”.

La irónica frase que da inicio a la presente reflexión es un resumen del mal que está padeciendo nuestro país actualmente en materia industrial y económica. ¿Se acuerdan del Plan de Convertibilidad Austral? Planteaba que el valor neto de 10.000 australes equivalía a un dólar. Es decir, cada 10.000 australes, había un dólar de reserva para el Banco Central. En 1993, dos años después de su sanción y aprobación,  entró en vigencia el Peso Argentino en reemplazo del Austral. Este fenómeno se conoció a nivel nacional como “El uno a uno”, o sea, un peso igual a un dólar. Se implementó con la clara idea de llevar la inflación a cero y generar mayores expectativas para un ingreso masivo en el comercio y los negocios en el exterior. Pero no se tuvo en cuenta un detalle: la industria nacional.

Que el dólar estadounidense tuviese la misma pesificación que la moneda nacional, embrollaba que los productos que se comercializaban en el extranjero adquirían igual valor monetario a los productos de procedencia local. Pero el conflicto que se presentaba era que el obrero nacional tenía que aplicarle un valor agregado a su producción para que le genere ganancia alguna. Dicho más simplemente, tenía que cobrar la mano de obra, los impuestos de recargo, los aportes a la DGI (actualmente AFIP), entre otros gatos de similar magnitud. Por lo tanto, un interés que de costo límpido tenía $10, por ejemplo, el operario tenía que comercializarlo a $30 para percibir una remuneración acorde a la demanda de elaboración y costas tributarias del objeto. Pero como la primera reforma del Estado (promovida en 1976) había suprimido el valor del impuesto de Aduana a los bienes que entraban desde afuera, entonces todo se conseguía a un precio mucho menor que acá y la gente apostaba por lo internacional antes que por lo nacional.

Y hoy está sucediendo lo mismo gracias a la consumación del sistema de venta internacional a través de Internet, llamado “puerta a puerta”; y el impacto que va a sufrir la industria nacional en este contexto va a ser igual o peor al suscitado en la década del noventa. El usuario que se adhiera al servicio tendrá que pagar un impuesto tributario y declarar la entrega de su compra en tiempo y forma en la AFIP, pero es un gasto mucho menor al que se tendría que pagar si la transacción se culminase en el comercio local. ¿Por qué? Porque se abaratan costos, ya que la inflación moderna eleva los porcentajes de recargo por retenciones a valores inusitados, que ningún consumidor ni propietario podría cubrir de forma eficiente. Por lo tanto, recibir mercancía del exterior promueve un ahorro importante que permite invertir en mayores rangos de la industria internacional y concebir así una solvencia fiscal fácilmente sostenible. El escenario a futuro se entrevé muy claramente: cierre simultáneo y paulatino de fábricas y empresas en todo el territorio nacional.

Indefectiblemente, el default que padecemos en Argentina no ayuda a erradicar el conflicto, sino que lo alimenta y alienta a la gente a aventurarse por lo de afuera antes que por lo de acá. Además, no existen créditos blandos en nuestro país, razón por lo que las Pymes están  perdiendo prestigio y liquidez. El Gobierno está limitando el margen de crédito a un sector muy reducido y selectivo, que no es el que Argentina necesita para estabilizarse económicamente. Y las reservas de la que dispone el Banco Central están muy lejos de sacar al país de la zanja, en caso de una devaluación severa.

Un diario del ámbito local publicó ayer que la venta local de electrodomésticos se redujo un 8,1% respecto al mes pasado, lo que amplia enormemente la brecha entre las perspectivas y la realidad. Los números no mienten. El problema emergente es serio y el futuro del país en materia económica está en jaque. Que no venga la Reina y nos dé mate, porque la historia va a ser otra.



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